Perón, Peronismo y Peronistas



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Para ayudarnos a separar un poco los tantos....





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Jauretche


Leyendo a Jauretche: “De la madre que las parió a todas: Civilización y Barbarie”

Tengo entre mis manos el “Manual de Zonceras Argentinas” publicado por primera vez en el año 1968 por Arturo Jauretche, quien rompió con los clásicos moldes de la literatura sociopolítica y se inclinó por un estilo sencillo y llano que le generó muchos adeptos. Es notable cómo a pesar del tiempo transcurrido, estas “zonceras” que describe para su época, aún siguen vigentes entre nosotros, y eso es quizá porque el modelo sigue allí, esperando a que lo derribemos de una buena vez.

“Descubrir las zonceras que llevamos adentro es un acto de liberación: es como sacar un entripado valiéndose de un anti-ácido, pues hay cierta analogía entre la indigestión alimenticia y la intelectual. Es algo así como confesarse o someterse al psicoanálisis -que son modos de vomitar entripados- siendo uno mismo el propio confesor o psicoanalista. Para hacerlo sólo se requiere no ser zonzo por naturaleza; simplemente estar solamente azonzado, que así viene a ser cosa trnasitoria, como lo señala el verbo”

Personalmente he leído ya varias veces este Manual, y cada vez le encuentro más cosas interesantes (a medida que uno se reconoce azonzado, las trabas van cediendo) y más paralelos con nuestra actualidad. Me propuse compartir algunas de sus verdades, porque sé que a veces sentarse a leer un libro, que además de libro, es viejo, a muchos los desalienta. El Manual comienza con la descripción “De la Madre que las parió a todas”:

Civilización y Barbarie

Su padre fue Domingo Faustino Sarmiento, que la trae en las primeras páginas de Facundo, pero ya tenía vigencia antes del bautismo en que la reconoció como suya.

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La idea no fue desarrollar América según América, incorporando los elementos de la civilización moderna; enriquecer la cultura propia con el aporte externo asimilado, como quien abona el terreno donde crece el árbol. Se intentó crear Europa en América trasplantando el árbol y destruyendo lo indígena que podía ser obstáculo al mismo para su crecimiento según Europa y no según América.

La incomprensión de lo nuestro preexistente como hecho cultural o mejor dicho, el entenderlo como hecho anticultural, llevó al inevitable dilema: Todo hecho propio, por serlo, era bárbaro, y todo hecho ajeno, importado, por serlo era civilizado. Civilizar, pues consistió en desnacionalizar - si Nación y realidad son inseparables-.

Su idea no es realizar un país, sino fabricarlo, conforme a planos y planes, y son éstos los que se tienen en cuenta y no el país al que sustituyen y deroga, porque como es, es obstáculo. Por la profesión de esta zoncera el ideólogo, extranjero o nativo, se siente civilizador frente a la barbarie. Viene a civilizar con su doctrina, lo mismo que la Ilustración, los iluministas y los liberales del siglo XIX; así su ideología es simplemente un instrumento civilizador más. No parte del hecho y las circunstancias locales que excluye por bárbaras, y excluyéndolos, excluye la realidad. De ninguna manera intenta adecuar la ideología a ésta; es ésta la que tiene que adecuarse, negándose a sí misma, porque es barbarie.

Así la oligarquía y su opocisión democrática o marxista disienten en cuanto a la ideología a aplicar pero coinciden totalmente en cuanto al mesianismo: civilizar. Dice Mastrorilli:

Sarmiento y Alberdi querían cambiar el pueblo. No educarlo, sino liquidar la vieja estirpe criolla y rellenar el gran espacio vacío con sajones. Esta monstruosidad tuvo principios de ejecución. Al criollo se lo persiguió, se lo acorraló, se lo condenó a una existencia inferior. Sin embargo, los aportes de sangre europea que se vertieron a raudales sobre el país, no consiguieron establecer una síntesis humana muy distinta de la precedente. Los ingleses se agauchaban. Los polacos, los alemanes, los italianos, también. Y a espaldas del régimen colonial se hizo una nueva masa humana que se doblegó sin resistencia ante la potencia de la geografía y la presencia irreductible de lo hispánico como principio organizador de la convivencia.

El régimen fracasó sociológicamente. A partir de 1914 aprendió a contar con una masa popular desconfiada y adversa. En suma: el régimen quiso cambiar al pueblo y no pudo: quiso entregar el espacio inerme y tropezó una y otra vez con algo viviente y cálido que nosotros llamamos conciencia nacional y ellos desprecian como barbarie.

Ahí, en civilización y barbarie, la zoncera madre, está el punto de confluencia de las ideologías, es decir, de la negación de toda posibilidad para el país nacida del país mismo. Es como si dijéramos la “Unidad Democrática” tácita de que surgen todas las otras.

Si la falsificación de la historia oficial, presentando la Argentina como un conflicto entre la civilización y la barbarie, ha desestimado el conflicto entre lo nacional y lo extranjero desde que el objeto de la historia no es la Nación sino la civilización, la izquierda, como tampoco tiene en cuenta lo nacional como causalidad histórica, se conforma, para que la historia del futuro dependa exclusivamente de la causalidad externa, generando un escapismo que tiene las mismas raíces anti-nacionales que, naturalmente, rehuye la constucción propia para trasladarla al escenario de la civilización. Por donde vienen a ubicarse, como sus cofrades de la otra banda, en un balcón sobre el mundo que es donde se opera la historia idealizada.

Pero un balcón no es una puerta por donde entra y sale lo propio y lo ajeno, sino un puesto de observación donde se espera que fuera se resuelva lo que hay que resolver adentro, cosa que le conviene a los que ya adentro lo tienen resuelto. De aquí la coincidencia cuando el país real intenta sus propias soluciones y a su manera.

09:38 am, by nttm2 notes

Leyendo a Jauretche: “Este país de m…”

Aquí les va la segunda entrega de una rápida lectura a Jauretche y su Manual de Zonceras Argentinas. Con ésta zoncera en particular, me siento un poco tocada… quién de nosotros puede decir que jamás utilizó la frase “este país de m…”? yo no estoy libre de ésta: muchas veces lo he dicho en automático…

La autodenigración se vale frecuentemente de una tabla comparativa referida al resto del mundo y en la cual cada cotejo se hace en relación a lo mejor que se ha visto o leído de otro lado, y descartando lo peor.

Jorge Sábato me cuenta que en Nueva York, recibido por un grupo de norteamericanos a quienes acompañaba un argentino, le faltò tiempo a éste para preguntarle como primera noticia de su Patria: -“Buenos Aires siempre lleno de baches?” Jorge le dijo: -“Si, hay muchos y te podés romper una pierna. Pero si aquí te metés en el subterráneo después de las cinco de la tarde es casi seguro que te rompen algo… ¡Bueno, todo va en gustos! Yo prefiero romperme una pierna… y en un bache”.

Sin embargo, lo que pasa en el subterráneo de Nueva York, o en ciertos barrios de Chicago o en Detroit entre negros y blancos, no nos autoriza, ni a los norteamericanos ni a nosotros, a suponer que eso solo -y los demás aspectos desagradables- den la imagen total de Estados Unidos. Y mucho menos a un norteamericano, que de ninguna manera dirá que su patria es un país de m… Seguramente pensará a la inversa. Tampoco le ocurrirá al francés, al alemán, al suizo, al inglés o al chino; no excluyo que haya zonzos en todos estos países, pero no en la cantidad que aquí y en posiciones dirigentes. Seguramente estarán más cerca de nuestro guarango, aquel que mide por el tamaño del bife la significación de lo nuestro.

El técnico que se evade con contrato afuera, de preferencia en dólares, es uno de los que más emplea la expresión. Y también el que la justifica. Se comprende al primero pues tiene la mala concienca de saber que se va del país sin devolverle lo que éste le ha dado (Nuestro estudiante universitario cree que su papá, o él mismo, si la trabaja de self made man, son los que le han pagado la carrera cuando en realidad no han contribuido sino con una alícuota ínfima porque aquí la enseñanza universitaria es un servicio público. Así en lugar de creerse deudor cuando se gradúa, se cree acreedor).

Lo mismo que el evadido pontifican los que lo defienden desde la prensa. No es sólo la Argentina sino el mundo entero quien proporciona técnicos al país de más recursos y de técnica más adelantada. Dicho sea en favor de los mejores de éstos que muchas veces van a perfeccionar sus conocimientos para luego retornar. Pero los justificadores de los evadidos para hacerlo apelan también a la denigración. Ahora somos un país de m… porque no los retenemos. Hace 25 años para la misma gente, cuando los técnicos se importaban porqu eno los había, éramos un país de m… por la razón inversa.

Después de la guerra los técnicos de los países vencidos se propusieron trasladarse en gran cantidad a la Argentina que se encontró, en razón de su neutralidad durante el conflicto, con la posibilidad de adquirir gran parte de la técnica alemana. En cuanto comenzaron a venir, algunos, los Santander y demás yerbas imputaron nazismo al gobierno que posibilitaba su venida e hicieron una campaña de difamación destianda a impedir que la Argentina adquiera ese capital. Entre tanto los rusos y los norteamericanos se los disputaban técnico por técnico valiéndose desde el soborno hasta el secuestro, y grande ha sido su contribución, tanto en los Estados Unidos como en la Unión Soviética, para el desarrollo tecnológico de los mismos. Después de la revolución de 1955 los pocos técnicos germanos que vinieron tuvieron que huir. ¿A dónde? A Rusia o a Estados Unidos. Y esto contó con el apoyo de la prensa que ahora se aflige por la evasión de técnicos. Como se ve, en este caso más bien que de un complejo de inferioridad se trata de una clara actitud de agentes provocadores.

¡Este país de m… que da refugio a los técnicos nazis! ¡Este paíz de m… que permite la evasión de sus técnicos! Palos porque bogas y palos porque no bogas.

En este momento se está renovando la cañería de gas de la calle Esmeralda, donde vivo. Y los mismos vecinos que protestaban porque escaseaba el combustible protestan ahora porque se están haciendo las obras que lo daán en abundancia. ¡Y siempre este país de m…! Lo dice el vecino y lo dice el conductor de vehículos que tiene que desviarse y el pasajero del colectivo.

Con un poco de amor al país todos los órganos del publicidad debían dar esta explucación pero no lo hacen porque sobconscientemente o conscientemente piensan que este es un país de m… y hay que provocar lamentos y no afirmaciones optimistas.

No pretendo, caso por caso, señalar el empleo de esta amable, si que escatológica imágen del país, pero interesa a través de lo referido señalar cómo hay una natural predisposición denigratoria que no es otra que el producto de una formación intelectual dirigida a la detracción de lo nuestro. El lector no tiene maś que hacer memoria y verificar en él mismo, el continuo uso que hacemos de la expresión. Porque también, yo pecador, empecé de niño fenómeno:

En el cielo las estrellas, en el campo las espinas, etc., etc.

Y ya crecidito más de una vez salí con lo de este país de m…

09:24 am, by nttm

Leyendo a Jauretche: “El vicio de la siesta”

Como les había prometido, les traigo otro capítulo imperdible del “Manual de Zonceras Argentinas” de Arturo Jauretche.

Cuando leo este capítulo, recuerdo lo que se ha luchado en estos últimos años por cambiar los horarios tradicionales de comercio en Mendoza a un horario de corrido, que es lo que los pueblos “civilizados” hacen… eso de cortar el día a la mitad es tan ineficiente! y los “pobres” turistas no saben qué hacer a la hora de la siesta… hora en la que todos nos refugiamos en nuestras casas para juntar energías para retomar lo que nos queda del día con el mejor de los humores (si logramos que el choco no ladre, claro está).

Bien, espero que disfruten de este capítulo tanto como yo… ¡Viva la siesta!

¡Oh, necesaria, deliciosa y detractada siesta! Sabios horarios de provincia, que cierran las puertas de los comercios y los talleres; que nos zambullen en un agua de silencio rayado de chicharras, entornando también la puerta del día hasta que llega la tarde, dulce y fresca como sandía recién sacada del pozo, con una boca gruesa y jugosa, abierta en carcajada. De vez en cuando cae por provincias un “profesor de energía”. De esos que han leído Spencer y a Orison Sweet Marden, y desde luego a Agustín Alvarez, los editoriales de los grandes diarios, las opiniones de los normalistas y el “Reader Digest”, y nos abruman con que “time es money” (no es error de tipeo… él lo escribe así), y que nada se debe dejar para mañana.

Siesta at workImage via Wikipedia

Yo los he visto llegar a los países de la siesta, pontificar sobre la molicie de las costumbres y la haraganería criolla, que la siesta simboliza, hasta que la siesta misma, como un hada amable y persuasiva, y un poco maliciosa, los ha ido paulatinamente conduciendo por los caminos del sentido común. Y he visto también rechazarla porfiadamente, hasta el final inevitable, que va resbalando de los vasos de whisky y las botellas de cerveza de las confiter{ias de los clubs, a la caña de los mostradores de boliche y la botella de los bebedores solitarios.

Y no es un descubrimiento mío, pues pertenece a la mejor literatura imperial, nada menos que a Rudyard Kipling: “Ahora bien, la India es un sitio más lejano que los otros, donde uno no debe tomar las cosas demasiado en serio, exepto siempre el sol del mediodía. El mucho trabajo y el exceso de energía matan a un hombre tan seguramente como el reunir muchos vicios”. (Rudyard Kipling, Cuentos de las colinas). El cuento es el de un alumno modelo de Sandhurs, que graduado va a servir en las fronteras de la India, y que como modelo no se allana a las ecigencias del clima. Y lo paga.

La India no es Catamarca, ni Santiago del Estero, pero vale la moraleja. Sólo nuestros “cultos” lo entienden a Kipling, a quien desde luego han leído, pero solo para la India, y no para lo nuestro. En esto como en todo.

Conocí un “profesor de energía” que, increiblemente, era provinciano. Viajaba ya a Tucumán en el verano de 1928. Principiaba enero, y el termómetro del coche comedor del tren batía sus mejores marcas.

En La Banda descendió el Coronel De La Zerda, candidato a gobernador por los radicales anti-personalistas. En el andén una pequeña banda de música, disparos de bombas y el desganado y breve discurso de bienvenida. Después vi salir de la estación el pequeño grupo de partidarios que se alargó en la calle en fila india, pegado a las paredes del norte, como si caminara a pie enuto por el hilo dentado de su sombra que mellaba la vertical solar. En el andén, levemente sombrado, quedamos solos el jefe de la estación y yo. El correspondiento perro pila había vuelto a estirarse bajo el banco, agotado por el esfuerzo de husmearme, y en la punta lejana del andén el auxiliar cachaciento entregaba el aro al maquinista.

  • “¿Puede ganar el Coronel éste?…” - le pregunté al jefe.
  • “Vea, señor” - me contestó después de una pausa-. “Prestigio no tiene mucho y menos su partido ¡Pero el hombre es muy trabajador!. Y para ratificarlo - después de “tomarse un tiempo” - agregó ponderativamente:
  • “¡Figúrese que no duerme la siesta!”

Quedamos en silencio los dos. El santiageño, absorto ante el fenómeno que acaba de señalar. Yo, rumiando la comprobación sociológica que acaba de hacer: la siestas como expresión del arrastre “bárbaro” de las tradiciones hispanoamericanas, y lo que podía significar aquel hombre símbolo cuando, llegado al gobierno, la desterrara de las costumbres y ganando horas al tiempo colocara a Santiago del Estero en la ruta de la civilización europea. Pergeñaba “in mente” un ensayo como para las columnas de “La Nación”, “La Prensa” o “La Vanguardia”, cuando en el momento de volverme en dirección al tren, oí que el santiagueño -y ya se sabe que el paisano tiene dos tiempos- completaba su pensamiento:

  • “La verdad, señor, es que no sé qué gana con estar despierto ¡porque como los demás estamos durmiendo…!”.

La dinámica del Coronel De La Zerba me había perturbado hasta olvidarme del sol, de la temperatura, y las demas condiciones naturales qeu rigen la dinámica santiagueña. Tomaba como buen ejemplo el malo, el que no servía para el caso, pues las leyes del caso están dadas por la naturaleza, la que no se puede escapar ni aquí ni en la India, sino por el whisky, la cerveza o la caña, porque el que no se evade de la fresca. Así también los borrachos de sabiduría libresca, que copian en lugar de mirar, y no ven, porque no todos los que miran ven. Inútil decir que el Coronel De La Zerda perdió la elección. Y lo que es más importante: las siestas.

Pero ahora sabemos que Winston Churchill dormía la siesta. Adquirió la costumbre en Cuba, en su mocedad. y puede ser que los tilingos comiencen a ponderar sus excelencias. Ellos son así. El tango vino de los salones de París, y ahora la música folklórica les gusta, porque retorna con pase ultramarino. Es “bian”, y los chicos y chicas aprenden la guitarra.

Que sea por mucho tiempo. Amén.

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08:59 am, by nttm1 note

Leyendo a Jauretche: “Jóvenes y Muchachones”

Este capítulo del “Manual de Zonceras Argentinas” me merece una especial atención. Pareciera que este tipo de dicotomías Jóvenes vs Muchachones es una cosa del pasado. Sin embargo, cuando uno abre los diarios de hoy se encuentra con afirmaciones que parecen calcadas de expresiones de los años ‘50.

Esta zoncera empezó en 1945. Es la dicotomía entre jóvenes y muchachones sobre la que nos ilustra la lectura continuada de los diarios.

Allí, nos enteramos que son Jóvenes todos los participantes en manifestaciones públicas, rechiflas, roturas de vidrios, agresiones e incendios, que se domicilian en el Barrio Norte de la Capital o en los suburbios servidos por las líneas electrificadas del ferrocarril Central Argentino… Perdón, General Mitre. (No sea que se me atribuya agravio).

Muchachones son los mismos manifestantes, agresores, etc. cuando proceden de los demás barrios de la Capital o de los subirbios servidos por líneas a vapor. (La línea electrificada del Oeste es un caso especial que oblita al periodista a hacer minuciosas discriminaciones, pues suministra al mismo tiempo jóvenes y muchachones).

multitudImage by movimente via Flickr

Parecida dificultad encontraron con motivo de haberse alojado Isabel Perón en un hotel del Barrio Norte; pero pronto hallaron la clave: jóvenes eran los “equipos locales” que la atacaban y muchachones los “visitantes” que la defendían.

Las rechiflas, roturas de vidrios, agresiones e incendios que practican los jóvenes se denominan “repudios”. Los que practican los muchachones se denominan “atentados”.

Dije mal que esta zoncera empezò en 1945. Empezó en 1914, pero entonces se rotulaba de muchachones a los radicales. Ahora son jóvenes, edad aparte.

08:53 am, by nttm

Leyendo a Jauretche: “La canasta de pan. El granero del mundo”

Nutricia como Isabel Sarli -“ma non troppo”, sobre todo en lo “láctico”- y tal vez más cubierta de púdicas gasas, es la imagen de la Argentina que persiste a través de estas dos zonceras. Pero a diferencia de aquélla, esta Argetnina es rubia, pues ya lo advirtió Darío: “Purificada por la sangre anlgosajona” (En el Rubens del Museo del Prado, Ceres es la rubia, pero la morocha no es tampoco Isabel: es Pomona). No es arbitraria la cita de Darío. El también se complicó, como Lugones, en aquella exaltación agropecuaria del centenario de 1810. El estro volcaba sus ardores desde las columnas de “La Nación”, para pasar después al libro. Dijo Lugones en Odas seculares:

“Para henchir de riquezas el buque ufano cuadra la ceba sus compactas reses y el calor germinal de tu verano, hecho sólida luz, se logra en mieses”.

Y Darío, en la misma oportunidad, en su Canto a la Argentina:

“En material continente una república ingente crea el granero del orbe…”

Como vemos, más que la del verso, los poetas anuncian la métrica del país, pues hasta los vates le señalan el límite: “ser granero del orbe”, Darío; “para henchir de riquezas el buque ufano”, Lugones. Gobernantes, poetas, pedagogos, periodistas y personajes internacionales en visita de cumplido, todos concurren a fijar la imagen mítica. No es la de Marte ni la de Minerva, menos la de Mercurio o Vulcano. Mucho menos un personaje como Juan Pueblo o Martín Fierro, o la manera del Tío Sam o John Bull. La imágen del país está dada por Ceres, la rubia deidad que nos obsequia con sus dones y nos impone dar vida al “orbe entero” a través del “buque ufano”. Desde luego con la cornucopia porque los dones de la naturaleza tienen por exclusiva finalidad ser derramados por el mundo ¿Y qué mejor símbolo de esta vocación hacia los otros que un gigantesco cuerno?

Abundancia imaginariaImage by saguayo via Flickr

También en lugar de la rubia Demeter se pudo elaborar la imagen del panadero de la esquina (de la esquina del mundo), pero pronto se comprende la elección, porque lo de la canasta de pan es sólo un decir, No sea que tomándola en serio a los argentinos se les ocurriese que la cornucopia podría derramar sus espigas en lugar de “en el buque ufano”, dentro del país; y exportar galletas, galletitas, fideos, después de haber llenado su propio “buche ufano” y no en el ufano buque. Dejemos a los poetas y que hable un economista. Y para no perder tiempo con los liberales que se comprende sean “demetéricos”, vamos a oír a un socialista. Habla Juan B. Justo, el fundador de nuestro Partido Socialista:

“Hay gente en el país que cree que sería bueno transformar acá todo el trigo argentino en harina. Desde luego los propietaros de molinos, el trust de los molinos: ellos creen tener derecho de exigir que se les facilite hacer harina aquí de todo el trigo, pretendiendo que si se exporta trigo sin moler es una pérdida para el país, porque hay pérdida para ellos, ya que con el trigo exportado en grano no ganan los señores molineros”. “Ellos pueden tener los mejores molinos del mundo, pueden trabajar con una perfección técnica insuperada pero aún así sería un error profundo creer que aquí se debe transformar en harina todo el trigo; porque el rigo lo producimos en su mayor parte para ser consumido fuera del país, y el trigo en grano se carga y descarga como un líquido por procedimientos mecánicos rapidísimos, no exige envase de ninguna clase para el transporte y la harina se conserva mucho mejor dentro del grano que en la bolsa; no hacemos tampoco bolsas en el país y nos cuestan demasiado para las operaciones internas. Y por otra parte, en los países que necesitan las harinas de nuestro trigo, hay molineros que tienen los mismos prejuicios, los mismos intereses egoístas de nuestros molineros y ellos también quieren hacer trabajar a toda costa sus molinos y negociar con sus subproductos, todos aprovechables. No hay, pues, ningún motivo económico ni político para empeñarse en garantizar ganancias extras a los señores molinteros de nuestro país, en perjuiciio vidente de los consumidores de pan y los trabajadores molineros de otros países y de los agricultores argentinos, clase productora indudablemente más digna de consideración. Los agricultores no piden, por otra parte, que se les den ventajas de ninguna clase: producen sus cereales y piden que se les deje exportarlos, y esto es de conveniencia económica mundial. Lo anti-económico es instalar aquí más molinos que los convenientes para el país y para el mundo”. (La Moneda, de. “La Vanguardia”, 1977, págs. 101-102)

El “maestro” del Socialismo ya ni siquiera admite la canasta de pan; ¡ni la bolsa de harina, siquiera! ¿Podéis hablarle de industria pesada o siquiera de industria liviana?¿Siquiera de fideos o galletitas? Les contestará en las páginas 188/189 del mismo libro:

“Pero lo que negamos, y volvemos a hacerlo, es que corresponde al Estado el papel de fomentador de los intereses empresarios y el engendrador artificial de empresas cuya razón de ser es problemática por el simple hecho de no haber nacido espontáneamente”.

Si esto pensaba el socialista temeroso de lesionar la burguesía y los trabajadores argentinos podéis conjeturar cuál era el pensamiento de los liberales, o mejor dicho de los otros liberales, los que no se llamaban socialistas. Establezcamos concordancias. Una vez más se confirma, con el pensamiento del “maestro”, aquello de las dos patas, una coja, en que ya dije, anda la “intelligentzia” con su civilización y barbarie. Una vez más se ve que con distinto ritmo llevan la misma dirección cuando se trata de las soluciones concretas, porque parten de los mismo presupuestos mentales aunque parezcan contradecirse. Vea usted caminar a un cojo y verá que un lado del cuerpo parece rechazar el movimiento del otro. Pero en definitiva los dos lados es decir el cojo completo, van hacia un mismo objetivo. Sin embargo, tal vez usted, lector, encuentre que esta zoncera contradice una característica general de las mismas. La canasta de pan, el granero del mundo, la cornucopia, el buque ufano, el orge entero esperando ansioso el fruto de las pamas, dan una idea exultante del país. Esto no parece corresponder con las demás zonceras que tienden a crear la imagen deprimente por una estimación peyorativa de nuestras posibilidades humanas, geográficas, climáticas, etc. A poco que usted reflexione comprenderá que esta tónica exultante es el complemento necesario de la otra depresiva. Este tipo de zoncera optimista está siempre referido al cumplimiento del destino que se nos tenía asignado como granja. En la medida que las zonceras tienden a crearnos complejos de inferioridad para que nos apartemos de la producción de materias primas alimenticias, estas zonceras son las destinadas a pintarons con los más selectos colores de la paleta, el desatino que nos corresponde como coloniales. Bajo el signo “de los ganados y las mieses”” decorados con dioses helénicos y latinos, cestos y cornucopias, pámanos, racimos, espigas y bifes, la “pedagogía colonialista” atiende a que no intentemos salir del sistema. Pero esto de los bifes es ya otra historia, muy parecida.

Extraido del “Manual de Zonceras Argentinas” de Arturo Jauretche

08:36 am, by nttm