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Cuando en el año 1943 un grupo de hombres de armas decidimos liberar al país de la dependencia extranjera haciendo una verdadera revolución nacional, debimos enfrentarnos también con triste y agobiante panorama mundial, en un mundo que venía de soportar una gran guerra cuyas consecuencias son de todos conocidas. Personalmente venía de vivir la situación en Europa, comprobando la urgente necesidad de enfocar los destinos de la humanidad sobre más firmes y duraderas que las del poderío de las armas o las que otorga el dinero. De seguro que los millones de seres humanos que entregaron sus vidas patrióticamente en la creencia que lo hacían en beneficio de la democracia o de la libertad, deben estar ahora tan arrepentidos, en el mundo de los espíritus, como lo están los millones de seres humanos que luego de la guerra han debido padecer las iniquidades de los vencedores.
La política argentina ha sido, es y será siempre pacifista y generosa. Nuestra política internacional es de paz, de amistad, de trabajo y de aspiración a comerciar honradamente y con libertad. La Argentina no se comprometerá jamás en ninguna acción que presuponga una agresión a pueblo alguno de la tierra.
Sólo cuando encuentra el espíritu vivificador del pueblo, la idea se transforma en acción y la acción en obra. Los grandes pueblos son aquellos que quieren serlo. Es el pueblo el único que puede salvar al pueblo. Los pueblos cuya libertad política es prácticamente inexistente, los económicamente débiles, los socialmente convulsionados, sumidos en el desorden y en la anarquía, carecen de una política exterior definida. Forman parte dócil de constelaciones superiores, políticas o económicas.
La decisión de lanzar al mundo nuestra tercera posición tuvo motivos de profundo arraigo en la sensibilidad nacional de nuestro pueblo y no hay duda alguna de que a sensibilidad es uno de los mayores ornatos del ser humano.
Si los diversos continentes no se unen estrechamente, llegará el día en que faltando los alimentos y las materias primas, que ya están en plena escasez mundial, veremos a los fuertes tomar desconsideradamente aquello que les pertenece, anexando o eliminando, según su conveniencia, a los países como si fueran meros juguetes. Tal vez lleguen a dominarlos hasta telefónicamente
